Los narradores húngaros no dicen «había una vez». Dicen Egyszer volt, hol nem volt: una vez hubo, donde no hubo. La frase se contradice a propósito, y en pocas palabras ya le avisa al oyente qué clase de verdad viene. Todas las tradiciones crearon recursos así. Acá van diez, todos tan sencillos que podés probarlos esta noche.

1. Construí una puerta de entrada al cuento

Una fórmula de apertura avisa que las reglas comunes quedaron en suspenso. Fijate cuántas se basan en una paradoja y no en una fecha.

Cómo empieza un cuento en el mundo

Fórmulas de apertura en distintas tradiciones

Antes de que pase nada, al oyente ya le dicen exactamente cuánto creer.

Húngaro: una vez hubo, donde no hubo
Persa: yeki bud, yeki nabud, había uno, no había uno
Ruso: zhili byli, vivieron, hubo
Vietnamita: ngày xửa ngày xưa, hace mucho, mucho tiempo

La Encyclopaedia Iranica señala que la apertura persa prepara al oyente, sobre todo si es chico, para algo que no necesariamente es verdad. Es una advertencia sobre la verdad del relato, hecha por adelantado, para que nadie tenga que interrumpir después a preguntar si esto pasó de verdad. Los etnógrafos húngaros ubican hol volt, hol nem volt entre las capas más antiguas de su tradición de cuentos, y señalan que la misma paradoja reaparece en tradiciones turcas y caucásicas, entre ellas la georgiana, la armenia y la mingreliana.

Probalo esta noche: elegí una frase y usala cada vez, sin cambiarla. Un chico que escucha las mismas pocas palabras antes de cada cuento suele calmarse apenas las oye.

2. Que lo pidan

En Haití, quien narra no empieza así nomás. Dice Krik? y espera. Si los oyentes quieren el cuento, contestan Krak! Recién ahí empieza.

El mismo intercambio recorre el Caribe, y en Martinica y Guadalupe aparece como Cric! Crac! Las adivinanzas tienen su propio par: quien narra dice Tim tim!, el público contesta Bwa sèch!, leña seca, y la adivinanza puede seguir. Si nadie la resuelve, se rinden con Mwen bwè pwa, tomo porotos.

La tradición haitiana hasta negocia la cantidad. Después del Krik? Krak! el público puede preguntar cuántos cuentos vienen, y regatear. El antropólogo Jean Price-Mars rastreó ese ida y vuelta hasta dos raíces posibles a la vez: los marineros bretones y la costa del golfo de Guinea, donde el narrador anuncia un cuento con un saludo que el público tiene que devolver.

Probalo esta noche: no arranques a leer. Hacé una pregunta y esperá la respuesta. Ese pequeño «sí» convierte al oyente en participante antes de que se diga una sola palabra del cuento.

3. Prepará el ambiente antes de empezar

Una función de rakugo en Japón tiene tres partes. La makura es un preludio suelto y conversado, muchas veces sobre casi nada; el hondai es la historia; el ochi es el remate que la cierra. El preludio existe para acomodar la sala y afinar al público con la voz del narrador.

Probalo esta noche: antes de abrir el libro, hablá treinta segundos de otra cosa. Dónde estuviste hoy, qué viste. El cuento arranca mejor cuando la sala ya está escuchando.

4. Girá la cabeza para cambiar de personaje

Un narrador de rakugo actúa solo, sentado sobre un almohadón, y hace todos los personajes de un diálogo largo. La técnica que lo mantiene claro es el kamishimo: el intérprete gira un poco la cabeza y el cuerpo hacia un lado para un personaje y hacia el otro para el otro. Por convención, el personaje mayor o de más rango va siempre del mismo lado.

Sin vestuario. Sin moverse. Se desarrolla una conversación y nadie entra ni sale.

Imaginá la escena

Un hombre arrodillado sobre un almohadón en Tokio. Gira un poco a la izquierda y es un viejo casero gruñón. Gira un poco a la derecha y es un inquilino joven y nervioso. Otra vez a la izquierda: contesta el casero. El público nunca pierde el hilo de quién habla, y él no se paró ni una vez.

Probalo esta noche: no hacen falta voces graciosas. Girá la cabeza hacia un lado para el lobo y hacia el otro para el chico, y mantenelo. Un papá o una mamá cansados pueden hacerlo a las ocho de la noche.

5. Que un objeto sea todo

Un intérprete de rakugo lleva dos objetos: un abanico plegable, el sensu, y una toallita de mano, el tenugui. El abanico se convierte en palitos para comer, en pincel, en pipa, en remo, en espada y, abierto, en una carta. La toallita es una billetera, un libro, una cigarrera.

La clave está en la limitación. Un objeto que se transforma invita al público a construir el resto, y la imaginación trabaja más de lo que podría trabajar una caja llena de utilería.

Probalo esta noche: usá una cuchara de madera, y nada más. Es el garrote del gigante, después el remo, después la varita mágica. Mirá qué rápido el chico empieza a poner la escenografía.

6. Pará antes del final

En Damasco, el hakawati lee una entrega de una epopeya cada noche y cierra el libro en el peor momento posible. La historia del sultán Baibars tiene 356 entregas. La gente volvió durante años.

Probalo esta noche: con un libro por capítulos, pará en una pregunta y no en una resolución. Si cerrás todo prolijamente, hay menos motivos para volver mañana.

7. Usá el tres y repetí las frases exactas

Los cuentos húngaros suelen basarse en tres aventuras cada vez más difíciles. La explicación es sencilla: dos ejemplos son una coincidencia, tres son una regla, y en el tercero el público ya está preparado para esperar un quiebre.

La repetición le gana a la variación. Una frase que vuelve igual se convierte en algo que el chico puede decir con vos, y un chico que la dice con vos ya no es solo público.

Probalo esta noche: elegí una oración y negate a mejorarla cuando vuelvas a contar el cuento. Decila idéntica cada vez, y hacé una pausa antes de la última palabra.

8. Robate el detalle raro

La tradición húngara guarda imágenes que sobreviven porque no se pueden parafrasear: un árbol que llega al cielo, un castillo que gira sobre una pata de pato, un héroe cortado en pedazos y vuelto a armar que se despierta diciendo solo que tuvo un sueño raro. Hay un diálogo fijo en el que le preguntan al héroe qué hace ahí, donde ni los pájaros vuelan, y una anciana le dice que tuvo suerte de llamarla abuela.

Un castillo que gira sobre una pata de pato es el tipo de detalle que ningún comité inventaría, y justamente por eso duró.

Probalo esta noche: cuando cuentes una historia familiar, no resumas. No un auto: el auto marrón con la puerta que nunca cerraba bien. El detalle concreto es lo que hace que el oyente crea el resto.

9. Dejá que contesten

El cuento dilema africano termina con una pregunta sin respuesta, y los oyentes la discuten. William Bascom registró uno en el que la canoa de un hombre se da vuelta y él queda en el agua con su hermana, su esposa y su suegra, y ninguna sabe nadar. ¿A cuál salva? El narrador se detiene ahí.

Probalo esta noche: pará en el medio y preguntá qué pasa después. Lo que adivinen se vuelve la vara con la que van a medir el final real, y ahora están metidos en una historia que hace un momento solo recibían.

10. Construí una puerta de salida

El inglés ofrece «happily ever after», felices para siempre, que es vago y un poco falso. En español tenemos «colorín colorado, este cuento se ha acabado» y «fueron felices y comieron perdices». Otras tradiciones cierran con más ingenio todavía.

El húngaro tiene dos. La tierna es Boldogan éltek, amíg meg nem haltak: vivieron felices hasta que murieron. Es una promesa mejor que «para siempre», porque admite que el final existe. La otra es un chiste: Itt a vége, fuss el véle, acá está el final, salí corriendo con él.

Los narradores griegos salen del cuento por completo y cierran diciendo que ellos vivieron bien y nosotros, mejor. El marco se rompe, todos vuelven a la sala, y el hechizo termina con una risa en lugar de apagarse de a poco.

Probalo esta noche: una frase de cierre que los devuelva a la realidad vale más que una resolución prolija. Decí siempre la misma, y se va a convertir en el sonido del día que termina.

Todo junto

  • Prepará el ambiente antes de abrir el libro.
  • Que pidan el cuento.
  • Empezá siempre igual.
  • Girá la cabeza en lugar de hacer voces.
  • Quedate con un solo objeto y que sea todo.
  • Frená en el detalle raro; pasá rápido por la trama que lo conecta.
  • Decí la frase que se repite siempre idéntica.
  • Pará en un lugar incómodo si querés que vuelvan mañana.
  • Preguntá antes de resolver.
  • Cerrá con una frase que los despida.

Nada de esto requiere una linda voz ni talento para actuar. Estos recursos los crearon personas que tampoco eran profesionales, y se pulieron durante siglos con la única prueba que importa: si alguien se quedó a escuchar.

¿Con qué frase empezaba o terminaba los cuentos alguien de tu familia? Si no se te ocurre ninguna, ¿cuál te gustaría que recuerden tus propios hijos?

Fuentes y lecturas recomendadas

  1. Iván Balassa and Gyula Ortutay, Hungarian Ethnography and Folklore, section on the form and content of folk tales, Magyar Elektronikus Könyvtár (mek.oszk.hu)
  2. Encyclopaedia Iranica, entry “Yeki Bud, Yeki Nabud”, on the Persian opening formula and its function
  3. Omniglot, Once upon a time, on opening and closing formulas across languages
  4. Visit Haiti, Krik-krak! The Haitian Tradition of Storytelling, on tire kont, tim tim, and bwa sèch
  5. Jean Price-Mars, Ainsi parla l’Oncle, on the origins of the krik-krak exchange, discussed in BUALA, Krik-krak, the art of short stories in Haiti
  6. Encyclopedia.com, entry on Edwidge Danticat’s Krik? Krak!, on Caribbean call-and-response variants
  7. Fun Japan, An Introduction to Rakugo, and Edo Kagura, on kamishimo, sensu, and tenugui
  8. English Rakugo NZ, Rakugo Q&A, on shigusa and the objects the fan and towel represent
  9. Arab America, Storytelling at the Al-Nawfara Coffee-House, on the hakawati and serialized epics
  10. William R. Bascom, African Dilemma Tales, Mouton, 1975