En 1996, un novelista español miró una plaza de mercado en Marrakech y se dio cuenta de que no existía en el mundo ningún instrumento legal capaz de proteger lo que pasaba ahí. Los edificios se podían declarar patrimonio. Los narradores parados en medio de ellos, no. Lo que hizo al respecto cambió la forma en que el mundo define el patrimonio, y todo empezó con un proyecto para construir un estacionamiento.

La plaza que obligó a pensar una idea nueva

Yamaa el Fna está en la medina de Marrakech y funciona como mercado y lugar de encuentro desde que los almorávides fundaron la ciudad en 1062. Narradores, acróbatas, músicos bereberes y árabes, grupos gnaoua, encantadores de serpientes y adivinos trabajan ahí todos los días, y cada uno arma una halqa, palabra árabe que significa círculo. El círculo es el escenario. Llega un narrador, empieza, y el público se va formando a su alrededor con gente que sale de la multitud.

Juan Goytisolo, escritor español que vivió parte de su vida en la medina, se enteró a mediados de los noventa de que las autoridades locales pensaban levantar una torre con fachada de vidrio y un estacionamiento subterráneo junto a la plaza. Entendió lo que eso le haría al oficio de alguien que necesita gente y espacio abierto, y le pidió a la UNESCO que declarara la plaza patrimonio oral de la humanidad.

Esa categoría no existía.

1996

Goytisolo le presenta un pedido a la UNESCO en nombre de una plaza llena de artistas. La Convención del Patrimonio Mundial de 1972 protege edificios y paisajes; nada protege una práctica.

1997

Se convoca una reunión en Marrakech para pensar cómo podría ser siquiera una protección así.

1998

La UNESCO lanza la Proclamación de las Obras Maestras del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

2001

Yamaa el Fna está entre las primeras Obras Maestras proclamadas.

2003

Se aprueba la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, el marco que hoy se usa en todo el mundo para lenguas, oficios, música y tradiciones orales.

En cierto modo, cada declaración de patrimonio inmaterial del mundo tiene su origen en una discusión sobre narradores en una plaza marroquí. La descripción que dio Goytisolo del lugar en la reunión inaugural de la nueva iniciativa es el mejor resumen de por qué valió la pena: el espectáculo se repite todos los días, y todos los días es distinto.

Imaginá la escena

Atardecer en la plaza, humo de los puestos de comida, y un hombre empieza a hablarle a nadie en particular. Se paran dos personas. Después seis. En un minuto hay un círculo de cuarenta, hombro con hombro, y los de atrás no ven nada. No están mirando. Están escuchando, en árabe marroquí, una historia que la mayoría ya conoce.

El reconocimiento no lo resolvió todo. El geógrafo Thomas Schmitt, que estudió la plaza de cerca, encontró que ahí la narración está siendo desplazada por espectáculos musicales que atraen a un público más joven, y que la declaración de la UNESCO trae presión comercial junto con la protección. Declarar patrimonio a una práctica viva no la congela, y puede transformarla sin que nadie lo note.

Jonesborough, Tennessee: sesenta personas y un carro de heno

La otra historia fundacional del movimiento moderno de festivales es más modesta y más curiosa. En 1973, un profesor de periodismo de secundaria llamado Jimmy Neil Smith iba manejando con un auto lleno de alumnos cuando en la radio apareció Jerry Clower contando una historia sobre la caza de mapaches en Misisipi. Smith decidió que su pueblo tenía que hacer un festival dedicado a contar historias.

El National Storytelling Festival

Jonesborough, Tennessee, primer fin de semana de octubre

El escenario era un carro de heno estacionado junto al juzgado y los asientos eran fardos de heno. Entre público y narradores sumaban unas sesenta personas.

Fundado: 1973
Hoy: unas 11.000 personas bajo carpas de circo
El pueblo: el más antiguo de Tennessee, con unos 5.000 habitantes
Dos años después: Smith funda la organización que se convirtió en el International Storytelling Center

El centro de Jonesborough fue el primer edificio del mundo construido solo para la narración oral, y tiene una temporada de narradores residentes de primavera a otoño, así que el pueblo tiene narración en vivo gran parte del año y no un solo fin de semana.

Edimburgo: el más grande

El Scottish International Storytelling Festival empezó en 1989 y hoy se presenta como la mayor celebración del género en el mundo, con programas de más de cien actividades. Se basa en la tradición del ceilidh, la reunión escocesa en casa, y se hace a propósito a fines de octubre para que termine en Halloween y Samhuinn, cuando empieza la mitad oscura del año.

Su sede, el Scottish Storytelling Centre de la Royal Mile, es el único espacio del Reino Unido construido especialmente para la narración oral. Los programas recientes trajeron narradores de Finlandia, Islandia, Noruega, Suecia, Alemania, India e Irlanda, además de un artista franco-camerunés que trabaja en la tradición griot de África occidental.

Cape Clear: a trece kilómetros de la costa

El Cape Clear Island International Storytelling Festival, en Irlanda, apuesta por lo contrario: la escala pequeña. La isla está a unos trece kilómetros de la costa de West Cork, se llega en ferry, y el festival se hace desde hace más de tres décadas en un lugar del que el público no puede irse fácilmente y donde a los narradores no se los puede reemplazar fácilmente.

Su tamaño es parte del diseño. Un festival en una isla no puede convertirse en un evento de estadio, y por eso el género se mantiene cerca de lo que era: una persona hablando, en una sala, a gente que le ve la cara.

Más allá del circuito angloparlante

Estos cuatro son los que se suelen nombrar en inglés. No necesariamente son los más grandes, ni los más antiguos, ni los más interesantes.

Kathakar, India

Nueva Delhi, con ediciones en Bombay, Bangalore, Jodhpur y Jaipur

Fundado en 2010 con el patrocinio de la UNESCO por las ONG Nivesh y HHACH, y curado por tres hermanas, Rachna, Prarthana y Shaguna Gahilote. Hoy se lo considera el mayor festival de narración oral de Asia.

Sede: Sunder Nursery Heritage Park, Delhi
Narradores de: Sierra Leona, Mongolia, Estonia, Polonia, Australia, Suiza y otros países
Alcance: más de 150.000 personas, con sesiones para escuelas y chicos en situación vulnerable
Dedicado a: Thakur Vishwa Narain Singh, el primer editor en braille de la India

En Kathakar, las mañanas son para los chicos y las noches para todos. La dedicatoria dice algo sobre para qué creen sus fundadoras que sirve la narración: el hombre al que homenajea pasó la vida haciendo que las palabras escritas llegaran a personas que no podían verlas.

En el mundo hispanohablante se los llama cuenteros

Hay todo un circuito de festivales en español que casi nunca aparece en las listas en inglés.

El Festival Internacional de Narración Oral Cuéntalee de México se hace desde hace más de treinta y seis años, en parte en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, y lo organiza el organismo nacional de literatura. Reúne narradores orales de Argentina, Colombia, Cuba, Venezuela, Costa Rica, Panamá, Perú, Jamaica, Brasil, España, Francia y la República del Congo.

En 2025, con el lema Voces que vienen de lejos, el festival abrió por primera vez en su historia un espacio para la narración oral en lenguas indígenas. Elizabeth Márquez, de San Miguel Tenango, en la sierra de Puebla, presentó sus poemas en náhuatl y en español.

Treinta y seis años celebrando la tradición oral antes de la primera presentación en una lengua indígena del país donde se hace. Los organizadores dijeron que la idea era abrir el festival a quienes no habían tenido acceso, lo cual fue una admisión franca.

Tres más que vale la pena conocer

España, Argentina, Colombia

Formatos completamente distintos, y cada uno resuelve a su manera el problema de cómo sostener la atención.

Maratón de los Cuentos, Guadalajara, España: desde 1992, una posta de cuentos que no se interrumpe durante un fin de semana de junio
Encuentro Internacional de Narración Oral, Buenos Aires: casi treinta ediciones, dentro de la Feria Internacional del Libro de la ciudad
Cántaro de Cuentos, Itagüí, Colombia: cuatro días de narradores de Argentina, Ecuador, Chile, México y Cuba
La palabra común: cuentero o cuentacuentos, quien cuenta cuentos

La maratón de Guadalajara merece atención. Los cuentos corren sin parar durante todo un fin de semana, contados uno tras otro, con mucho más de mil participantes en los últimos años. Cualquiera puede tomar su turno, y eso la vuelve el evento de esta lista más parecido a cómo funcionaba de verdad la narración antes de que a alguien se le ocurriera vender entradas.

Armando Trejo, que dirigió el festival mexicano, rastrea al narrador oral moderno a través de un linaje preciso: el narrador tribal, el juglar ambulante, el chamán, el fabulista árabe, el narrador comunitario y el abuelo o la abuela. Es un árbol genealógico más exacto que el que ofrece la mayoría de los relatos en inglés, que suelen empezar con Homero y saltearse el resto del planeta.

La forma más chica: una sala, todas las semanas, durante décadas

Los festivales son anuales. El logro más difícil y menos frecuente es el círculo semanal que nunca se detiene, y el ejemplo mejor documentado funciona en Toronto desde 1978.

Su origen fue un accidente. Dan Yashinsky había convencido a los dueños del Gaffer’s Café, en Kensington Market, de que lo dejaran contar cuentos los viernes a la noche entre los sets de los músicos. Una noche los músicos no aparecieron, y lo mandaron al escenario a cubrir la noche entera solo. Salió tan bien que se volvió costumbre.

1001 Friday Nights of Storytelling

Toronto, todos los viernes a las ocho, desde 1978

Considerado el micrófono abierto de narración oral más antiguo de Norteamérica. Lo conduce un narrador con experiencia; cualquiera de los presentes puede tomar el bastón de la palabra y contar.

Qué se cuenta: cuentos populares y de hadas, baladas, mitos, leyendas, historias personales
La regla: venir a escuchar y a contar, no a leer
Sin interrupciones: todo el año, a pesar de las mudanzas y, por Zoom, durante la pandemia
Entrada: unos cinco dólares

Lo que creció a partir de ahí importa tanto como la noche en sí. En la primavera de 1979, Yashinsky, junto con Celia Lottridge, Lorne Brown, Bob Barton, Alice Kane, Joan Bodger y Rosemary Allison, fundó el Toronto Storytelling Festival y la Storytellers School of Toronto. Un festival, una escuela y un micrófono abierto semanal, los tres todavía activos, y los tres nacidos de una noche en que la banda faltó.

Yashinsky reunió después unas cincuenta historias de esos viernes en Tales for an Unknown City (Cuentos para una ciudad desconocida), que ganó un Toronto Book Award, y en 1999 recibió el Premio Jane Jacobs por su aporte a la vida cultural de la ciudad.

Imaginá la escena

La noche en que una gran tormenta de hielo azota Toronto. El tránsito está parado y las líneas telefónicas cortadas. Un hombre de más de setenta años avanza por un camino congelado hasta la iglesia, le pide la llave al pastor, acomoda él mismo las sillas en fila y prende velas sobre la mesa para que la sala se sienta como tiene que sentirse. De joven hacía dedo ciento doce kilómetros para llegar.

Eso resume por qué importa el formato pequeño. Nadie hace dedo a través de una provincia por una transmisión. Uno de los conductores actuales, cuando le preguntaron por qué sigue existiendo, dijo simplemente que la gente tiene hambre de conexión.

Para qué sirven realmente los festivales

Si los ponés lado a lado aparece un patrón. Yamaa el Fna es una tradición viva que hubo que defender. Jonesborough es un resurgimiento construido casi de la nada. Edimburgo es una institución con edificio propio. Cape Clear se niega a crecer. Kathakar nació para llegar a chicos que de otro modo nunca escucharían a un narrador profesional. Guadalajara pasa el micrófono y no se detiene. Toronto demuestra que el género sobrevive en la escala más chica posible: una sala y una noche por semana, durante casi cincuenta años.

Todos existen porque el mismo patrón se repite una y otra vez: una práctica que exige que la gente se junte en un lugar es la primera víctima de cada tecnología que le permite quedarse en casa. La radio vació los cafés de Damasco. La televisión terminó el trabajo. Los festivales son una respuesta a eso, y lo que tienen en común es que estar presente es todo el sentido. Una halqa no se puede transmitir por streaming. El círculo solo se forma si te parás en él.

Qué significa esto para vos

  • Andá una vez. La mayoría se hacen todos los años en octubre, y casi todos tienen programas para familias más baratos y tranquilos que los eventos principales.
  • Sentate adelante. El género depende de que el narrador vea reaccionar al público, y el fondo de una carpa es una experiencia muy distinta de la tercera fila.
  • Llevá a un chico a una narración en vivo antes de que decida que los libros son tarea. Una persona que cuenta una historia sin pantalla es algo poco común para un chico criado con videos, y lo poco común se recuerda.
  • O buscá el semanal. Los círculos abiertos de narración son más baratos, más chicos y más acogedores que los festivales, y la mayoría de las ciudades tienen uno si lo buscás.
  • Armá uno chico. Una sala, un horario y alguien dispuesto a arrancar. Todo lo que contamos acá empezó así de chico, y uno empezó porque una banda no apareció.

Jonesborough tenía sesenta personas y un carro de heno. Cincuenta años después, un pueblo de cinco mil habitantes se llama a sí mismo la capital mundial de la narración, y una plaza de Marrakech reescribió una convención internacional. Ninguno de los dos empezó con presupuesto.

¿Cuándo fue la última vez que escuchaste a alguien contar una historia en voz alta, sin ninguna pantalla, a un grupo de personas que eligieron estar ahí? ¿Qué haría falta para organizarlo este mes?

Fuentes y lecturas recomendadas

  1. Thomas M. Schmitt, The UNESCO Concept of Safeguarding Intangible Cultural Heritage: Its Background and Marrakchi Roots, International Journal of Heritage Studies, 2008
  2. Thomas M. Schmitt, Jemaa el Fna Square in Marrakech: Changes to a Social Space and to a UNESCO Masterpiece of the Oral and Intangible Heritage of Humanity as a Result of Global Influences, The Arab World Geographer, 8(4), 2005
  3. UNESCO, Convention for the Safeguarding of the Intangible Cultural Heritage, 2003, and the Masterpieces programme of 1998
  4. Atlas Obscura, Jemaa el-Fna Square in Marrakesh, on the square’s history and Goytisolo’s remarks
  5. National Storytelling Festival and the International Storytelling Center, Jonesborough, Tennessee, storytellingcenter.net
  6. Tennessee Home and Farm, Tellin’ Tales at the National Storytelling Festival, on the 1973 origins
  7. Scottish International Storytelling Festival, organized by Traditional Arts and Culture Scotland, and the Scottish Storytelling Centre, Edinburgh
  8. Cape Clear Island International Storytelling Festival, West Cork, capeclearstorytelling.com
  9. Kathakar International Storytellers Festival, New Delhi, founded 2010 by Nivesh and HHACH under UNESCO patronage
  10. Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), Festival Cuéntalee México 2025, on the thirty-sixth edition and the first performance in Nahuatl
  11. Sistema de Información Cultural, Secretaría de Cultura de México, entry for the Festival Internacional de Narración Oral Cuéntalee
  12. Maratón de los Cuentos, Guadalajara, Spain, held annually since 1992 at the Palacio del Infantado
  13. Fundación El Libro, Encuentro Internacional de Narración Oral: Cuenteros y cuentacuentos, Feria Internacional del Libro de Buenos Aires
  14. Alcaldía de Itagüí, on the Encuentro Internacional de Narradores Orales Cántaro de Cuentos, Colombia
  15. 1001 Friday Nights of Storytelling, Toronto, Our Story, 1001fridays.org, on the founding at Gaffer’s Café and the 1979 founding of the festival and school
  16. Dan Yashinsky, ed., Tales for an Unknown City: From 1001 Friday Nights of Storytelling, McGill-Queen’s University Press, 1992
  17. Toronto Observer, reporting on 1001 Friday Nights of Storytelling and its long-standing participants, 2024
  18. Storytellers of Canada / Conteurs du Canada, local groups directory, and Storytelling Toronto